sábado, 17 de septiembre de 2022

“LA MUERTE ANDANTE” (Un traje de chaqueta y una catana).




Bien le valdría a Frank Darabont darse un buen paseo por Murcia en búsqueda de escenarios apocalípticos para sus nuevas ideas creativas. Quedaría sin duda prendado ante la proliferación por doquier de menesterosos en todos sus “estados” catatónicos posibles. Y es que tanta miseria, recocida al calor del verano, es caldo de cultivo con enjundia para buenas historias de miedo y terror, muy del gusto del director, productor y guionista americano.  

Tal inopinada decadencia ha acabado por hacer simbiosis con el mismo casco histórico de la ciudad, consustancial a sus calles más emblemáticas y al mismo entorno de la catedral, donde sus propios soportales, ahora plagados de cartones y restos de “vida”, son cobijo de quienes han quedado ya lamentablemente deshumanizados por su propia miseria, a la que nadie da tregua. Espoleta es todo ello de ruina, enseñada sin complejos a nuestros ya pocos turistas.  

La misma escena se repite en cualquier parking, sucursal, esquina o portal que se precie del centro de la ciudad, donde la vida se abre paso a cada instante, en una ciclogénesis explosiva de chabolismo. Hasta el restaurante "Hispano” amanece muchos días con un señor dormitando bajo su acogedora entrada. 

Esta incívica realidad, tolerada en el tiempo, es reflejo de un nuevo giro de tuerca al concepto de solidaridad, acogimiento y protección social, cuyo entendimiento se me escapa. Suerte de indulgente libertinaje, un “laissez faire” amparado en el equívoco paraguas de la necesidad que justifica lo que no es sino ejercicio de mera subsistencia. Argumento recurrente que soporta un edificio en ruinas que amenaza con derrumbarse sobre nuestras cabezas y arrasarlo todo.

Y claro está que quien se levanta cada día buscando que echarse a la boca o a las venas, o como resguardarse del calor o el frio tiene carta de naturaleza para ir con un cuchillo entre los dientes y hacer de trilero con el destino, quedando justificado cualquier medio empleado por el fin en si mismo de sobrevivir. No hay por ello reproche alguno para estos pobres diablos sino para quien abre la veda para que todo esto suceda.

Pero tengamos claro con igual certeza que este estado de cruda subsistencia supone un peligro cierto y mortal, oculto en la cotidianidad, pues la supervivencia de la mano de la desesperación no tiene limites previsibles, o al menos éstos no están donde nosotros inocentemente creemos se encuentran. Hasta el perro más pequeño y manso, acogotado en una esquina, sería capaz de morder a quien lo acorrala.   

Riesgo y desorden vital que toda sociedad organizada y aparentemente civilizada debiera minimizar. Ese caos, siempre antesala de la extinción de cualquier civilización, es tangible, se puede tocar, incluso oler, y se percibe nítidamente para quien lo quiera ver.  

Se hace necesario por ello censurar esta pasividad como comportamiento inmoral, y además delictivo, pues esta inactividad de quienes deben ser garantes de cierta paz y orden social, de quienes deben proteger a los que más lo necesitan, no oculta lo que no es sino omisión del deber de socorro, cuando no verdadero homicidio en comisión por omisión o un ejercicio encubierto de una especie de eutanasia callejera a lo bonzo y sin cuidados paliativos, que nos pone en serio peligro a todos. 

Estos “seres”, que pululan como zombis por nuestras calles, hombres no son pues han trasmutado a espectros, debían tener una vida anterior a esta muerte en vida, quizá familia y amigos, y desde luego nombres y apellidos como único vestigio de realidad que al menos los amarre al suelo que ya no pisan. 

Literalmente sobreviven al albur de sus propios impulsos naturales, que se ven aireados públicamente, a la vista de todos, paseando sus cojeras, sus pústulas lacerantes que rebosan sus rostros, sus ojos siempre brillantes de ansiedad en búsqueda permanente, reflejo de una tristeza universal, la de quien lleva un lastre eterno e insoportable. Solo piel, aire y hueso. Pobres moribundos desatendidos esperando que llegue su hora, dejados de la mano de Dios, a su suerte, sin nadie capaz de alumbrar un final digno para sus últimos días. Algo estamos haciendo mal. 

Sin embargo parecen quedar fuera de toda regulación y norma, basta ver como se despachan en cada esquina o rincón a sus anchas, no habiendo desprecio más intenso de una Sociedad que no tenerte siquiera por existente. 

Ser parte de la más rotunda nada, ese es su papel, el de deambular en un universo paralelo con la parca reflejada en los ojos. El “Show de Truman” de la muerte. Una muerte que se antoja sucederá más pronto que tarde, y que todos contemplamos día tras día mientras caminamos rutinariamente hacia nuestros lugares de trabajo. Se ha convertido ello en algo tan natural que produce zozobra solo pensarlo.

Esta indigna realidad es tan apabullante que supera toda ficción y al mismo tiempo es tan cotidiana que pasa de diario indeleble ante nuestros ojos, mostrándonos un orden cívico claramente fuera de todo control. Una bomba de relojería a punto de estallar.

Tal escenario, subestimado claramente, invita a recurrir al traje de chaqueta con catana al cinto, en sustitución de la ya insuficiente navaja suiza. Otra cosa no parece demandar el hábito de faena de este picapleitos murciano en este dantesco septiembre, que no es esperable vaya a mejorar. 

Nadie sin embargo parece verlo, aturdidos por los quehaceres cotidianos antes, y ahora por la luz, el color y el ruido de moros y cristianos, percutiendo al son de unos buenos michirones. Solo el suceso de algún hecho dramático, quizás tintado en rojo sangre, parece pueda despertarnos de este repugnante letargo.


 

lunes, 3 de enero de 2022

"EL SUEÑO".


 

Una vez tuve un sueño. 

Despertaba en un lugar desconocido y un rayo de luz cegadora invadía toda la habitación dejando al descubierto miles de motas de polvo en suspensión. Me incorporé de la cama y entreabriendo la ventana comprobé me encontraba en un paraje verde entre montañas y pinos. El cielo era de un azul claro muy intenso y a pesar de ser bien temprano ya resplandecía el sol. Olía ligeramente a resina y a pinocha y salvo el runrún de algún pájaro el silencio era atronador.

Salí entonces a lo que parecía el porche de la vivienda. 
Llevaba puesta una camisa de cuadros, un pantalón de pana y un grueso jersey de lana de punto. Calzaba botas de montaña. El suelo era rojizo en distintas tonalidades y estaba delimitado por una baranda de madera que, a pesar de estar muy envejecida por el paso del tiempo, aún se sostenía en pie.

En la esquina de la terraza yacía colocada una enorme mesa de madera natural rodeada de sillas de metal de distintos colores. A modo de centro de mesa había un gran jarrón con flores secas y en un lateral dos tazas grandes de café humeante junto a un libro. Estaba intentando intuir su título cuando MariaRo pasó justo a mi lado aunque no advirtió mi presencia. Era como si no pudiera verme. No dijo nada, solo se sentó y agarró una de las tazas de café, como abrazándola con sus dos manos. Cruzó entonces sus piernas apoyándolas en lo alto de la barandilla con sus pies desnudos apuntando al horizonte. Estaba preciosa.

Se respiraba paz y tranquilidad, aquel lugar era 
extrañamente familiar.

Deduje debía ser otoño por los árboles de hoja caduca cuyas ramas se erguían completamente desnudas dejando pasar la luz y las vistas entre ellas. A pesar del fresco de la mañana no sentía frio.

Me giré entonces y contemplé donde me encontraba. Era una casa sencilla con su fachada revestida de piedra salpicada por pequeñas ventanas con una chimenea humeante que apuntalaba el tejado de viejas tejas marrones. 

Aquel lugar se elevaba sobre un promontorio desde donde podía dominarse todo. Desde lo alto la parcela caía en fuerte pendiente dibujándose el terreno en distintas terrazas o trenques de mayor a menor tamaño que acababan por terminar al fondo de lo que parecía ser un camino forestal.

En ese preciso momento pude ver a lo lejos a Berta y Lea que parecían jugar entretenidas en la tierra. Tenían en sus manos varios utensilios que utilizaban a modo de pala. Trataban de excavar un agujero para plantar algo en él mientras realizaban airadas explicaciones a una cohorte de muñecos que atendían inertes e inexpresivos, sentados unos junto a los otros. 
Se les veía muy felices.

No lejos de esa escena Juanito acarreaba lo que parecían ser maderas y ramas que apilaba minuciosamente junto a lo que se intuía como una incipiente cabaña. Realizaba todos sus movimientos a un ritmo eléctrico y seguro como si supiera con precisión que quería hacer y el modo exacto de hacerlo.  

Me descalcé e
ntonces, colocándome justo en la silla situada al lado de MariaRo, aunque ella no pareció de nuevo percatarse de mi presencia e imitando su gesto dejé caer mis piernas estiradas apoyándolas igualmente sobre la barandilla de madera de la terraza. 

Cruce entonces mis brazos sobre el pecho, cerré los ojos y respirando profundamente sonreí. Era como si SIEMPRE hubiera pertenecido a aquel lugar. 

Una vez tuve un sueño y no quería despertar.   

jueves, 19 de agosto de 2021

"EL NEGRÓN”, la puerta interestelar al Principado.

 


Cuaderno de Bitácora: Catorce de agosto de dos mil veintiuno de Dios nuestro Señor.

Es verano, la pandemia continua y nos encontramos huyendo en plena ola de calor a bordo de la nave “ESPACE”. La tripulación la conforma la familia: Juan, Berta, Lea, MariaRo y un servidor. Atrás quedaron los amaneceres más allá de Orión y los viajes siderales a Ibiza, Riga, Malta, Cracovia, Chihuahua y a otros lugares de la galaxia empírica. 

Si bien el equipo a bordo no parece aventurar un viaje épico, vómitos posibles aparte, se respira optimismo y ganas de explorar lugares desconocidos lo que en un rutinario carguero espacial veraniego se agradece. En todo caso no hay que fiarse pues en tu fuero interno sabes que se te puede liar un ”Nostromo” en un instante.

Pasado Caldas de Luna en León nos vamos acercando a nuestro destino. A partir de ahí se atraviesan siete túneles hasta llegar a Asturias. Estos se enumeran a coro, de uno en uno, en una especie de cuenta atrás previa a la ignición. Tres de estos túneles pertenecen a la Provincia de León y el cuarto, llamado “El Negrón” es la puerta interestelar al Principado.

El túnel del Negrón tiene 4,1 km y podríamos erróneamente pensar que nos encontramos ante un túnel corriente. Sin embargo, cualquiera que lo haya atravesado alguna vez sabe que no es así.  Pasar el Negrón es lo más parecido a subirse al DeLorean con Marty Mcfly o dar un salto al hiperespacio a bordo del Halcón Milenario.

Cuatro mil ciento cuarenta y cuatro metros es exactamente la distancia que separa las leyes naturales del universo conocido de un auténtico viaje espacio-temporal que bien podría satisfacer al mismísimo Edwin Aldrin.  

Justo a la salida del “Negrón” te recibe un cartel de color verde que señala la entrada al “Principado de Asturias”, aunque bien podría poner “Bienvenido a Dagobah”.

Y es que la experiencia sensorial no tiene desperdicio pues eres transportado, cual agujero de gusano, de los cerros pelados y secos de León y una temperatura de 34 grados hasta los apenas 24 grados en el otro extremo del túnel. Allí te recibe un universo distópico de montañas escarpadas que parecen querer desgarrar el cielo y un color verde intenso en todas sus tonalidades que parece invadirlo todo.

Praderías, musgo, ríos, niebla, roca caliza, lluvia, frio, bendito frio. Una exuberancia cuasi prehistórica en la que te encuentras rodeado de un espeso y, en ocasiones, claustrofóbico arbolado que no deja traspasar la luz del día incluso aunque brille el sol. Y una maleza de un “diseño” tan hostil que parece amenazarte contantemente, pero cuya belleza te atrapa al mismo tiempo sin querer.

Es como retroceder en el tiempo, a un lugar indómito, al principio de todo.

Quizás me equivoqué y este sea, al fin y al cabo, un viaje legendario.


domingo, 8 de agosto de 2021

LA COMIDA DE LOS PADRES Y "ESA LUZ"




Fue allá por marzo de 2018, inauguraba Fernando C. un concesionario DIFAUTO en Beniaján y ahí que acudíamos todos los amigos a la efeméride, padres en ristre, pues la ocasión lo merecía. Arropábamos un proyecto ilusionante y hubo los aderezos castizos propios, discurso incluido del patrón y posterior cerveceo conmemorativo de marras.

La felicidad se dibujaba en los rostros y, animados por la efervescencia colectiva, hubo insinuaciones a rematar la velada con cena en las postrimerías. La idea tuvo una cálida acogida. Nos fuimos encaminando todos, guiados por “Paco Madrid” que nos mostró de camino la casa en la que se había criado en Beniaján, hasta desembocar en nuestro destino final, el “Bar-Casa Chamboy 

El Chamboy está regentado por JUAN, al que el periodista deportivo Andrés Montes podría haber definido fácilmente como “La mano que mece la cuna” pues, con esa genialidad, muy de los maestros en el oficio, te acuna dulcemente desde que pones el pie en su casa pudiéndose contar en milésimas de segundo el tiempo que tardaron en escanciarse las primeras cañas.     

Tras la barra, fuertemente escoltada por un repujado de botellas y licores de todas las clases, se desdibujaba una pequeña figura de la Virgen con el niño Jesús en brazos y, justo debajo, una fotografía enmarcada de Marilyn Monroe insinuante, porque lo cortés no quita lo valiente. Todo acababa rematado en un cartel de pizarra en el que puede leerse “Hablamos inglés y francés: por señas” enfatizando el carácter universal de tan distinguido establecimiento.  

Aquella noche nació lo que de modo coloquial llamamos en adelante “LA COMIDA DE LOS PADRES” y todos quedamos conjurados, brindis en lo alto, para realizar un posterior evento conjunto.

Se estableció una regla simple: la de que cada uno debía asistir a la comida acompañado de su PADRE. Eso dejó en un “limbo legal” a aquellos, entre los que me incluyo, que a tales alturas de la película carecían de “páter familias”. 

El “hijoputismo” nacional, carente de escrúpulos, no tardó en sacar tajada de las taras psicológicas ajenas, refiriéndose en lo sucesivo a estos pobres desgraciados como “Los huérfanos”. Se insinuó serían sentados aparte, en mesas bajas y comerían menú infantil consistente en pechugas empanadas, patatas fritas y helado de postre, siempre que se portaran con decoro. La amenaza afortunadamente no fue consumada. 

El primer encuentro sería igualmente en el Chamboy y fijose de plato principal un guiso de cabeza de ternera que bien poco tendría que envidiar al tradicional haggis escocés y que parece logró salvar las prescripciones sanitarias al uso.  

La comida de los padres fue repitiéndose desde entonces en lugares alternos, según el caso, y nos dejó algunas anécdotas inenarrables, como la de “La Huracana”, una estupenda señora que hacia las delicias del personal colgada de un vertiginoso ventilador, según relató algún veterano contertulio con grandes aspavientos. No pregunten, hasta ahí puedo leer.

Aquella incipiente genialidad que despuntaba a ilusionante tradición quedó interrumpida por la pandemia y quizás gracias a ella recobre aún más sentido que nunca.

Padres “consortes” cuyas expresiones puedo recordar perfectamente. Rostros en los que al mirar a sus hijos se dibuja una sonrisa serena de orgullo paternal cómplice que refleja la satisfacción del trabajo bien hecho. Eso es lo que las más de las veces muestran sus ojos cansados que en esas comidas brillan con intensidad. Y no sé si en realidad sus hijos perciben ese detalle, esa LUZ que yo si veo y que no tiene precio.

Padres a los que todos conocemos ya desde muy niños, hasta el punto de compartir con la mayoría anécdotas que siempre acaban por repetirse en las tertulias y que esperamos que lo hagan siempre en un bucle eterno, infinito. Historias que se remontan al inicio de nuestras vidas, épocas sencillas, despreocupadas y muy felices que no podemos olvidar.

Ya solo queda esperar a que escampe todo para volver a reeditar nuestra ecléctica “COMIDA DE LOS PADRES”. 

 

 

jueves, 27 de mayo de 2021

“FE-MI-NI-CI-DIO”.




 

Por aventuras “literarias” como estas te suelen caer almendras hasta en el carnet de conducir, pero pasados los cuarenta y con tres hijos creo haber tirado ya “el carro por el pedregal”, citando una expresión de mi gran amigo Edu. Anticipo estar de este interín “postpandémico” hasta los mismísimos y últimamente duermo regulero entre otras cosas porque los fantasmas tienen a bien visitarme por las noches y alguno fuma Marlboro como si fuera un botafumeiro.

Con estos antecedentes, capaz de perdonarme ya los muchos errores, asumo con deportividad que este pueda ser uno más. C'est la vie. 

Vaya de suyo como coartada que tengo en suerte ser padre de dos niñas, así que excusará decir que quiera para ellas, las mujeres de mi casa, ya en franca mayoría, todos los derechos y oportunidades posibles. 

Este gran propósito, la IGUALDAD DE OPORTUNIDADES, no es ya un mero futurible que debamos convertir en reivindicación permanente sino más bien constituye ya una realidad palpable, al menos en lo que a nuestro país concierne, siempre y cuando nuestro sistema educativo sirva de sustento de ello, pues es ésta, la EDUCACION, el verdadero paradigma de la LIBERTAD del individuo.

Tengo la firme convicción de que nuestras hijas dentro de sus capacidades podrán ser astronautas, médicas, futbolistas, matemáticas, ingenieras o lo que quieran. Esto es un hecho. Que ello haya costado sudor y lágrimas fruto del esfuerzo de la Sociedad, con la contribución del movimiento feminista, es algo innegable, pero una vez alcanzado este objetivo y asumiendo todas las mejoras futuras posibles, debemos estar orgullosos de ello y disfrutar de lo logrado.

Sin embargo tengo la sensación de que este éxito de ellas, que en definitiva es el de TODOS, se nos presenta como algo contrapuesto al nuestro, alimentando una especie de revanchismo infinito a lo Edmundo Dantes con el sexo opuesto que no parece tener final. 

La polarización asociada ahora al género, ideologizado a capricho del político de turno como caladero de votos, ha creado un “statu quo” de empoderamiento “feminicida" en el que los hombres son vistos como archienemigos de las mujeres, meros villanos en todo esto, en un reduccionismo simplista y cuasi belicista, intencionadamente alimentado por algunos, en el que somos presentados como meras almas descarriadas y egoístas, apenas limitadas a pasar de puntillas por la vida, a la que nada aportamos como segundones acomodados en nuestro devenir “sencillo” y despreocupado de todo.

Entonces intento teletransportarme al pasado y ponerme en las botas mojadas y llenas de barro de esos hombres en los campos de “Verdún” o en “Omaha Beach”, aunque cualquier otra efeméride en otras muchas facetas de la historia humana habría igualmente servido de ejemplo para el caso. Imagino que cae la noche y me encuentro aterido de frio bajo el uniforme que cubre la piel que tiembla por el miedo ante la posibilidad verosímil de la propia muerte. Y rezo en la lancha a la que golpean las olas cerca del Canal de la Mancha o en la zigzagueante y hedionda trinchera, ante la inmediatez de la entrada en combate mientras las granadas y las balas silban en el aire. Me tapo los oídos un milisegundo y pienso en mi mujer, en mis hijos que me esperan y veo el rostro de MI MADRE justo cuando salto de la embarcación apretando el fusil, y me digo que lucho por ellas y por la LIBERTAD y que merece la pena morir por eso.  

Sonrió entonces pensando que quizás alguna vez, no fue tan fácil ser hombre y tampoco lo fue ser mujer, pero fuere lo que fuere había un PROPÓSITO COMÚN que ahora parece haber desaparecido.   

Ahora ya dentro TODOS en el mismo SACO, el del heteropatriarcado machista, continuamos en esa trinchera bajo la presunción de culpabilidad consustancial al género, que va calando también pero más profundo hasta el mismo alma. Aunque ahora el "enemigo" es más sutil e intangible y más próximo y traicionero que el de Verdún, porque ese enemigo somos nosotros mismos. Y está al acecho incluso del lenguaje, en las palabras comunes que nos habíamos dado todos, tergiversando indolente el significado de éstas, confundiendo machismo y gramática. Interpretando los gestos, tan inocentes como el de ceder el paso a una mujer, quizás apenas el mero propósito de invitarla a un café o el extraordinario atrevimiento de insinuar que pueda sentarle bien un vestido o un simple pantalón, cuando no su mera representación visual, publicitaria, en muchos casos criticada pues el ensalzamiento de la belleza femenina es ahora "cosificación" del individuo.  

Palabras, gestos, actos cotidianos y vulgares ahora convertidos en símbolo de exclusión y que al parecer denotan una pretensión de subordinación y discriminación de la mujer. 

Luchar contra un enemigo despiadado y cruel debe ser terrorífico pero hacerlo contra la ignorancia, contra la más profunda y malintencionada estulticia disfrazada de "inteligencia emocional" se convierte en una hazaña epopeyica ante la que estamos indefensos y que nos lleva a la muerte del racionalismo y del libre albedrio.  

Abrumado ante tanta superioridad moral, desconcertado, solo espero la siguiente lección y me pregunto que será lo próximo en este nuestro singular aprendizaje para ser mejores personas.

A lo mejor asistimos a todo un proceso en el que como en la "Divina Comedia" debamos alcanzar la virtud expiando nuestros pecados, aunque quizás esta condena corresponda a otros hombres distintos de nosotros mismos y no necesariamente peores, hombres del pasado mirados ahora con la lupa y los ojos censores de una supuesta “sociedad civilizada”. Que error. Imagino a aquellos hombres y mujeres levantándose cada día con los mismos propósitos e ilusiones que son ahora las nuestras. 

Quizás la culpa es nuestra y no hemos sabido explicar nuestro papel. Nos hemos confiado a lo evidente y nos han robado la mano. Y quizás ahora si corresponda remontar, comenzar hacerlo con intensidad buscando desmarcarse del estereotipo en el que se nos quiere encasillar como hijos, maridos y padres, con nuestra identidad propia, alejada de falsos e inventados clichés en los que no reconozco a quienes me rodean, asumiendo nuestros muchos defectos por supuesto, pero también siendo conscientes de nuestros propios PRINCIPIOS y VALORES, que, respetando el legado de nuestros mayores, serán los de nuestros hijos.

Lleven cuidado en subirse a ese barco, el del “FE-MI-MI-CI-DIO”, ya comenzó a hacer agua. Y si lo hacen cojan las bombas de achique y pónganse el salvavidas, ya saben que cuando todo se hunda el Capitán Franchesco Schettino les estará esperando en Tierra.


Nota: Imagen del desembarco de los aliados en la playa de "Omaha" en Normandía (Francia) durante la Segunda Guerra Mundial. 6 de junio de 1944.. 



sábado, 24 de abril de 2021

“EDU" (Luchar contra la NADA para salvar FANTASIA).




Se nos fue Edu. Se ha ido para siempre y ya no va a volver. Lo repite mi cerebro una y otra vez pero el alma no quiere creérselo. Despierta, ¡¡despierta!!, es solo un mal sueño, una pesadilla, todo seguirá en el lugar donde lo dejamos la última vez. Pero es real, tan real como la vida misma.


Duele tanto saberlo.  

 

Se ha ido dejando dos hijos increíbles, Edu y Tono, y una mujer que ha demostrado una fortaleza extraordinaria. Ahora cada vez que los contemplemos veremos también a Edu.

He elaborado todo un discurso defensivo irrefutable en el que con argumentos de peso me exculpo de no haber podido hacer nada más, aunque no sepa exactamente qué. Estoy a punto de creérmelo, pero sigue ese atisbo de duda que martillea incansable. Pero ya es demasiado tarde, ya solo queda limar los resquicios de mi propia defensa, como el que forja un escudo para poder vivir.

 

Duele tanto pensarlo.

 

Supongo que quien vive mil vidas antes de los cuarenta debe pagar un alto precio. Nadie puede encerrar el mar en una botella y Edu era un océano embravecido. Quienes nos subimos a su barco vivimos mil y una aventuras, que nos trasportaron a universos de espontaneidad y magia sin límites. Aprendimos tanto en el camino que su legado, convertido ahora en recuerdos, forma parte ya de nuestras vidas.

 

En su mundo créanme que vimos “enanos” que pedaleaban en bicicleta, cumpleaños que se tornaban en guerras de merengue, vivimos realidades alternativas en las que las puertas podían arrancarse literalmente de sus marcos y ser lanzadas a una hoguera con tal de calentar a quien tuviera frio, solo necesitó 24 horas para que pusieran su nombre a unos hermosos cocteles de colores en Cracovia, logramos comunicarnos con espíritus del más allá, inventó la “Eduardingha” en la que el balón era “pateado” descalzo cual brasileño en la playa de Copacabana, y como el mismísimo flautista de Hamelin le vimos encantar a grandes audiencias en cualquier lugar del mundo, las gentes seguían sin discusión sus instrucciones como una comparsa de autómatas rendidos a su nuevo Mesías. Y tantos, tantos momentos  que son reflejo de una vida luchando contra la NADA con tal de salvar FANTASIA. Hemos vivido cosas que cualquier persona en su sano juicio no creería, todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. 

 

Duele tanto recordar.  

 

Qué bonito fue unas veces y que difícil otras, los genios tienen claro oscuros que a veces se tornan al negro más intenso. Ser especial, ser único, conlleva una carga, un lastre y muchas veces una gran incomprensión que más tarde o más temprano acaba pasando factura. Nos salió muy cara la cuenta.

El 16 de abril de 2021 quedará grabado a fuego en nuestra memoria. Desde ese instante vivimos una vorágine de sensaciones tan contradictorias entre sí que dibujaban lo que en realidad era Edu. Las anécdotas se sucedían a un ritmo vertiginoso contadas por las bocas de todos aquellos que se acercaban a despedirse, provocando risas y carcajadas incontenibles que se tornaban al poco en amargas lágrimas. Propio todo del más puro guion de Berlanga. Nada de aquellas historias, aisladamente consideradas, parecía tener sentido alguno, pero en conjunto dibujaban un lienzo que Edu había esculpido a su imagen y semejanza y en el que todos de alguna manera éramos protagonistas.

La realidad es que Edu ha vuelto a salvarnos, como tantas otras veces en las que nos protegía de mil peligros. Ha conseguido lo que tanto ansiaba y más le estimulaba en su vida, que todos estuviéramos juntos. Ahora has construido una coraza irrompible en torno a todos nosotros. Lo has logrado Edu a través de tu enseñanza más importante y a la vez más dolorosa, la de la MUERTE. También para eso tenías que ser el primero para que supiéramos lo mucho que duele perder a un amigo. Una lección de vida, porque ésta no se entiende sino indisolublemente unida a la muerte, algo tan lejano a nuestra propia percepción de las cosas que cayó como un rayo fulminante trasladándonos a la realidad más palpable y cruda, la de la finitud de todo.

 

Ahora somos más fuertes y también mucho más sabios.  Duele tanto aprender.   


             Descansa en PAZ amigo. No te vamos a olvidar nunca. 


viernes, 12 de marzo de 2021

"SALUD Y ZIHUATANEJO"

 


Va hacer ya un año desde que inauguramos este blog que nace de la caverna del confinamiento. Se que la efeméride se las trae al pairo, pero es mejor esto que un psicólogo así que yo sigo a lo mío. Llámenlo egoísmo puro si quieren.

    

El blog nació para servir de mero “cajón desastre” de una serie de breves relatos realizados durante el estado de alarma. Simplemente para ser el envoltorio más o menos digno de ese trabajo para la posteridad más íntima y personal. En definitiva, vino a ser para mí lo que el pan de masa madre para la mayoría. No había intención alguna de darle visibilidad, aunque al final se fue todo al carajo, y aquí estamos, les pido disculpas por el atrevimiento. El 2020 es lo que tenía, aunque el 2021 no pinta mejor.


A fecha de hoy apenas lo conforman once “artículos”, contando éste, no es para mucho presumir ni sacar pechete. De dedicarme a esto habría ya muerto por improductividad. En cuanto a la falta de talento, ya ni entro, por lo obvio. Gracias al cielo los huevos están en otra cesta. 


La verdad que en aquellos comienzos no tuve ocasión de explicarme sobre qué significaba aquel blog.  No hubo prólogo al mismo, ni entreacto, ni siquiera una breve “Exposición de Motivos”, que es lo que nos pone a los juristas, para dar buena cuenta de lo que iba a consistir aquello.  

 

Nada de eso, el blog nació a bocajarro con un relato de lágrimas, sangre y vísceras y apelando a Santiago, a Dios y a la Patria, pues a algo hay que encomendarse cuando la muerte acecha en cada esquina.  La gente se emocionó, no cabe duda, ante tal desgarrador testimonio, y yo con ellos, pero también se emocionaba escuchando el “Resistiré” del Dúo Dinámico. De ahí mi escepticismo. Ese era nuestro contexto.


Pero no quiero desviarme del propósito de hoy. Pasado este tiempo ciertas personas, no tantas, me preguntaban qué porque lo de llamar “Zihuatanejo” al blog. Normalmente a la pregunta seguía un respingo acompañado de unas soñolientas y paliceras explicaciones. Así que por un puro sentido práctico pienso zanjar esta cuestión hoy aquí. Lo de la efeméride era una excusa.

 

Pues bien, todo trae causa en una película llamada “The Shawshank Redemption” titulada en España “Cadena Perpetua” dirigida por Frank Darabont, con Tim Robbins y Morgan Freeeman interpretando respectivamente al banquero Andy Dufresne y a Ellis Redding, apodado “Red”.  Ambos entablan una gran amistad como reclusos que cumplen condena en la Penitenciaría Estatal de Shawshank, confinados en esa prisión, en un ambiente de privaciones, terror e injusticia. En cuanto a los detalles y pormenores les invito a verla para quien no lo haya hecho, pocos seréis a estas alturas.  


La película nos transporta finalmente a “Zihuatanejo”, un lugar apacible de la costa de México, junto al océano pacifico. Ese lugar se transforma, de la mano de Andy Dufresne (Tim Robbins), en un recodo del mundo evocador de la libertad tras el confinamiento, el refugio donde ser libres, donde vivir de nuevo, donde quizás empezar a soñar después de tanto sufrimiento, donde habita la esperanza.


Es el lugar al que todos queremos llegar cuando toda esta pesadilla acabe, porque todos y cada uno de nosotros tenemos nuestro particular “Zihuatanejo”, que puede adoptar cualquier color, forma, o algoritmo, o corresponder a cualquier lugar y/o incluso identificarse con personas, sobre todo aquellas que no podemos ni siquiera abrazar.  

 

Así que, aun estando en nuestro particular presidio en Shawshank porque ahí es donde nos encontramos todavía, yo sigo como Andy Dufresne con mi pequeño martillo, que es este blog, picando la pared de mi celda sin descanso, disimulando el boquete con un enorme poster de la estupenda Racquel Welch y soñando con Zihuatanejo, esperando que llegue ese día en el que bajo la lluvia podamos, por fin todos, alzar los brazos al cielo.


Así que amigos solo les deseo una cosa:Salud y Zihuatanejo”.

 

Y en cuanto a lo que acontezca en adelante con el blog, como diría Fernando Simón, no se preocupen, no teman ni se asusten, solo serán como mucho uno o dos relatos.  


Nota: En la foto Andy Dufresne (Tim Robbins) en una escena ya mítica de la película "Cadena Perpetua"