jueves, 19 de agosto de 2021

"EL NEGRÓN”, la puerta interestelar al Principado.

 


Cuaderno de Bitácora: Catorce de agosto de dos mil veintiuno de Dios nuestro Señor.

Es verano, la pandemia continua y nos encontramos huyendo en plena ola de calor a bordo de la nave “ESPACE”. La tripulación la conforma la familia: Juan, Berta, Lea, MariaRo y un servidor. Atrás quedaron los amaneceres más allá de Orión y los viajes siderales a Ibiza, Riga, Malta, Cracovia, Chihuahua y a otros lugares de la galaxia empírica. 

Si bien el equipo a bordo no parece aventurar un viaje épico, vómitos posibles aparte, se respira optimismo y ganas de explorar lugares desconocidos lo que en un rutinario carguero espacial veraniego se agradece. En todo caso no hay que fiarse pues en tu fuero interno sabes que se te puede liar un ”Nostromo” en un instante.

Pasado Caldas de Luna en León nos vamos acercando a nuestro destino. A partir de ahí se atraviesan siete túneles hasta llegar a Asturias. Estos se enumeran a coro, de uno en uno, en una especie de cuenta atrás previa a la ignición. Tres de estos túneles pertenecen a la Provincia de León y el cuarto, llamado “El Negrón” es la puerta interestelar al Principado.

El túnel del Negrón tiene 4,1 km y podríamos erróneamente pensar que nos encontramos ante un túnel corriente. Sin embargo, cualquiera que lo haya atravesado alguna vez sabe que no es así.  Pasar el Negrón es lo más parecido a subirse al DeLorean con Marty Mcfly o dar un salto al hiperespacio a bordo del Halcón Milenario.

Cuatro mil ciento cuarenta y cuatro metros es exactamente la distancia que separa las leyes naturales del universo conocido de un auténtico viaje espacio-temporal que bien podría satisfacer al mismísimo Edwin Aldrin.  

Justo a la salida del “Negrón” te recibe un cartel de color verde que señala la entrada al “Principado de Asturias”, aunque bien podría poner “Bienvenido a Dagobah”.

Y es que la experiencia sensorial no tiene desperdicio pues eres transportado, cual agujero de gusano, de los cerros pelados y secos de León y una temperatura de 34 grados hasta los apenas 24 grados en el otro extremo del túnel. Allí te recibe un universo distópico de montañas escarpadas que parecen querer desgarrar el cielo y un color verde intenso en todas sus tonalidades que parece invadirlo todo.

Praderías, musgo, ríos, niebla, roca caliza, lluvia, frio, bendito frio. Una exuberancia cuasi prehistórica en la que te encuentras rodeado de un espeso y, en ocasiones, claustrofóbico arbolado que no deja traspasar la luz del día incluso aunque brille el sol. Y una maleza de un “diseño” tan hostil que parece amenazarte contantemente, pero cuya belleza te atrapa al mismo tiempo sin querer.

Es como retroceder en el tiempo, a un lugar indómito, al principio de todo.

Quizás me equivoqué y este sea, al fin y al cabo, un viaje legendario.


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