jueves, 27 de mayo de 2021

“FE-MI-NI-CI-DIO”.




 

Por aventuras “literarias” como estas te suelen caer almendras hasta en el carnet de conducir, pero pasados los cuarenta y con tres hijos creo haber tirado ya “el carro por el pedregal”, citando una expresión de mi gran amigo Edu. Anticipo estar de este interín “postpandémico” hasta los mismísimos y últimamente duermo regulero entre otras cosas porque los fantasmas tienen a bien visitarme por las noches y alguno fuma Marlboro como si fuera un botafumeiro.

Con estos antecedentes, capaz de perdonarme ya los muchos errores, asumo con deportividad que este pueda ser uno más. C'est la vie. 

Vaya de suyo como coartada que tengo en suerte ser padre de dos niñas, así que excusará decir que quiera para ellas, las mujeres de mi casa, ya en franca mayoría, todos los derechos y oportunidades posibles. 

Este gran propósito, la IGUALDAD DE OPORTUNIDADES, no es ya un mero futurible que debamos convertir en reivindicación permanente sino más bien constituye ya una realidad palpable, al menos en lo que a nuestro país concierne, siempre y cuando nuestro sistema educativo sirva de sustento de ello, pues es ésta, la EDUCACION, el verdadero paradigma de la LIBERTAD del individuo.

Tengo la firme convicción de que nuestras hijas dentro de sus capacidades podrán ser astronautas, médicas, futbolistas, matemáticas, ingenieras o lo que quieran. Esto es un hecho. Que ello haya costado sudor y lágrimas fruto del esfuerzo de la Sociedad, con la contribución del movimiento feminista, es algo innegable, pero una vez alcanzado este objetivo y asumiendo todas las mejoras futuras posibles, debemos estar orgullosos de ello y disfrutar de lo logrado.

Sin embargo tengo la sensación de que este éxito de ellas, que en definitiva es el de TODOS, se nos presenta como algo contrapuesto al nuestro, alimentando una especie de revanchismo infinito a lo Edmundo Dantes con el sexo opuesto que no parece tener final. 

La polarización asociada ahora al género, ideologizado a capricho del político de turno como caladero de votos, ha creado un “statu quo” de empoderamiento “feminicida" en el que los hombres son vistos como archienemigos de las mujeres, meros villanos en todo esto, en un reduccionismo simplista y cuasi belicista, intencionadamente alimentado por algunos, en el que somos presentados como meras almas descarriadas y egoístas, apenas limitadas a pasar de puntillas por la vida, a la que nada aportamos como segundones acomodados en nuestro devenir “sencillo” y despreocupado de todo.

Entonces intento teletransportarme al pasado y ponerme en las botas mojadas y llenas de barro de esos hombres en los campos de “Verdún” o en “Omaha Beach”, aunque cualquier otra efeméride en otras muchas facetas de la historia humana habría igualmente servido de ejemplo para el caso. Imagino que cae la noche y me encuentro aterido de frio bajo el uniforme que cubre la piel que tiembla por el miedo ante la posibilidad verosímil de la propia muerte. Y rezo en la lancha a la que golpean las olas cerca del Canal de la Mancha o en la zigzagueante y hedionda trinchera, ante la inmediatez de la entrada en combate mientras las granadas y las balas silban en el aire. Me tapo los oídos un milisegundo y pienso en mi mujer, en mis hijos que me esperan y veo el rostro de MI MADRE justo cuando salto de la embarcación apretando el fusil, y me digo que lucho por ellas y por la LIBERTAD y que merece la pena morir por eso.  

Sonrió entonces pensando que quizás alguna vez, no fue tan fácil ser hombre y tampoco lo fue ser mujer, pero fuere lo que fuere había un PROPÓSITO COMÚN que ahora parece haber desaparecido.   

Ahora ya dentro TODOS en el mismo SACO, el del heteropatriarcado machista, continuamos en esa trinchera bajo la presunción de culpabilidad consustancial al género, que va calando también pero más profundo hasta el mismo alma. Aunque ahora el "enemigo" es más sutil e intangible y más próximo y traicionero que el de Verdún, porque ese enemigo somos nosotros mismos. Y está al acecho incluso del lenguaje, en las palabras comunes que nos habíamos dado todos, tergiversando indolente el significado de éstas, confundiendo machismo y gramática. Interpretando los gestos, tan inocentes como el de ceder el paso a una mujer, quizás apenas el mero propósito de invitarla a un café o el extraordinario atrevimiento de insinuar que pueda sentarle bien un vestido o un simple pantalón, cuando no su mera representación visual, publicitaria, en muchos casos criticada pues el ensalzamiento de la belleza femenina es ahora "cosificación" del individuo.  

Palabras, gestos, actos cotidianos y vulgares ahora convertidos en símbolo de exclusión y que al parecer denotan una pretensión de subordinación y discriminación de la mujer. 

Luchar contra un enemigo despiadado y cruel debe ser terrorífico pero hacerlo contra la ignorancia, contra la más profunda y malintencionada estulticia disfrazada de "inteligencia emocional" se convierte en una hazaña epopeyica ante la que estamos indefensos y que nos lleva a la muerte del racionalismo y del libre albedrio.  

Abrumado ante tanta superioridad moral, desconcertado, solo espero la siguiente lección y me pregunto que será lo próximo en este nuestro singular aprendizaje para ser mejores personas.

A lo mejor asistimos a todo un proceso en el que como en la "Divina Comedia" debamos alcanzar la virtud expiando nuestros pecados, aunque quizás esta condena corresponda a otros hombres distintos de nosotros mismos y no necesariamente peores, hombres del pasado mirados ahora con la lupa y los ojos censores de una supuesta “sociedad civilizada”. Que error. Imagino a aquellos hombres y mujeres levantándose cada día con los mismos propósitos e ilusiones que son ahora las nuestras. 

Quizás la culpa es nuestra y no hemos sabido explicar nuestro papel. Nos hemos confiado a lo evidente y nos han robado la mano. Y quizás ahora si corresponda remontar, comenzar hacerlo con intensidad buscando desmarcarse del estereotipo en el que se nos quiere encasillar como hijos, maridos y padres, con nuestra identidad propia, alejada de falsos e inventados clichés en los que no reconozco a quienes me rodean, asumiendo nuestros muchos defectos por supuesto, pero también siendo conscientes de nuestros propios PRINCIPIOS y VALORES, que, respetando el legado de nuestros mayores, serán los de nuestros hijos.

Lleven cuidado en subirse a ese barco, el del “FE-MI-MI-CI-DIO”, ya comenzó a hacer agua. Y si lo hacen cojan las bombas de achique y pónganse el salvavidas, ya saben que cuando todo se hunda el Capitán Franchesco Schettino les estará esperando en Tierra.


Nota: Imagen del desembarco de los aliados en la playa de "Omaha" en Normandía (Francia) durante la Segunda Guerra Mundial. 6 de junio de 1944.. 



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