Va hacer ya un año desde que inauguramos este blog que
nace de la caverna del confinamiento. Se que la efeméride se las trae al pairo,
pero es mejor esto que un psicólogo así que yo sigo a lo mío. Llámenlo egoísmo
puro si quieren.
El blog nació para servir de mero “cajón desastre” de una serie de breves relatos realizados durante el estado de alarma. Simplemente para ser el envoltorio más o menos digno de ese trabajo para la posteridad más íntima y personal. En definitiva, vino a ser para mí lo que el pan de masa madre para la mayoría. No había intención alguna de darle visibilidad, aunque al final se fue todo al carajo, y aquí estamos, les pido disculpas por el atrevimiento. El 2020 es lo que tenía, aunque el 2021 no pinta mejor.
A fecha de hoy apenas lo conforman once “artículos”,
contando éste, no es para mucho presumir ni sacar pechete. De dedicarme a esto
habría ya muerto por improductividad. En cuanto a la falta de talento, ya ni
entro, por lo obvio. Gracias al cielo los huevos están en otra cesta.
La verdad que en aquellos comienzos no tuve ocasión de
explicarme sobre qué significaba aquel blog. No hubo prólogo al mismo, ni entreacto, ni
siquiera una breve “Exposición de Motivos”, que es lo que nos pone a los
juristas, para dar buena cuenta de lo que iba a consistir aquello.
Nada de eso, el blog nació a bocajarro con un relato
de lágrimas, sangre y vísceras y apelando a Santiago, a Dios y a la Patria,
pues a algo hay que encomendarse cuando la muerte acecha en cada esquina. La gente se emocionó, no cabe duda, ante tal
desgarrador testimonio, y yo con ellos, pero también se emocionaba escuchando
el “Resistiré” del Dúo Dinámico. De ahí mi escepticismo. Ese era nuestro
contexto.
Pero no quiero desviarme del propósito de hoy. Pasado este tiempo ciertas personas, no tantas, me preguntaban qué porque lo de llamar “Zihuatanejo” al blog. Normalmente a la pregunta seguía un respingo acompañado de unas soñolientas y paliceras explicaciones. Así que por un puro sentido práctico pienso zanjar esta cuestión hoy aquí. Lo de la efeméride era una excusa.
Pues bien, todo trae causa en una película llamada “The Shawshank Redemption” titulada en España “Cadena Perpetua” dirigida por Frank Darabont, con Tim Robbins y Morgan Freeeman interpretando respectivamente al banquero Andy Dufresne y a Ellis Redding, apodado “Red”. Ambos entablan una gran amistad como reclusos que cumplen condena en la Penitenciaría Estatal de Shawshank, confinados en esa prisión, en un ambiente de privaciones, terror e injusticia. En cuanto a los detalles y pormenores les invito a verla para quien no lo haya hecho, pocos seréis a estas alturas.
La película nos transporta finalmente a
“Zihuatanejo”, un lugar apacible de la costa de México, junto al océano
pacifico. Ese lugar se
transforma, de la mano de Andy Dufresne (Tim Robbins), en un recodo del mundo evocador
de la libertad tras el confinamiento, el refugio donde ser libres, donde vivir
de nuevo, donde quizás empezar a soñar después de tanto sufrimiento, donde
habita la esperanza.
Es el lugar al que todos queremos llegar cuando toda esta pesadilla acabe, porque todos y cada uno de nosotros tenemos nuestro particular “Zihuatanejo”, que puede adoptar cualquier color, forma, o algoritmo, o corresponder a cualquier lugar y/o incluso identificarse con personas, sobre todo aquellas que no podemos ni siquiera abrazar.
Así
que, aun estando en nuestro particular presidio en Shawshank porque ahí es donde nos encontramos todavía, yo sigo como Andy Dufresne con mi pequeño martillo, que es este blog, picando
la pared de mi celda sin descanso, disimulando el boquete con un enorme poster
de la estupenda Racquel Welch y soñando con
Zihuatanejo, esperando que llegue ese día en el que bajo la lluvia podamos, por fin todos, alzar
los brazos al cielo.
Así que amigos solo les deseo una cosa: “Salud y Zihuatanejo”.
Y en cuanto a lo que acontezca en adelante con el blog, como diría Fernando Simón, no se preocupen, no teman ni se asusten, solo serán como
mucho uno o dos relatos.
Nota: En la foto Andy Dufresne (Tim Robbins) en una escena ya mítica de la película "Cadena Perpetua"