domingo, 8 de agosto de 2021

LA COMIDA DE LOS PADRES Y "ESA LUZ"




Fue allá por marzo de 2018, inauguraba Fernando C. un concesionario DIFAUTO en Beniaján y ahí que acudíamos todos los amigos a la efeméride, padres en ristre, pues la ocasión lo merecía. Arropábamos un proyecto ilusionante y hubo los aderezos castizos propios, discurso incluido del patrón y posterior cerveceo conmemorativo de marras.

La felicidad se dibujaba en los rostros y, animados por la efervescencia colectiva, hubo insinuaciones a rematar la velada con cena en las postrimerías. La idea tuvo una cálida acogida. Nos fuimos encaminando todos, guiados por “Paco Madrid” que nos mostró de camino la casa en la que se había criado en Beniaján, hasta desembocar en nuestro destino final, el “Bar-Casa Chamboy 

El Chamboy está regentado por JUAN, al que el periodista deportivo Andrés Montes podría haber definido fácilmente como “La mano que mece la cuna” pues, con esa genialidad, muy de los maestros en el oficio, te acuna dulcemente desde que pones el pie en su casa pudiéndose contar en milésimas de segundo el tiempo que tardaron en escanciarse las primeras cañas.     

Tras la barra, fuertemente escoltada por un repujado de botellas y licores de todas las clases, se desdibujaba una pequeña figura de la Virgen con el niño Jesús en brazos y, justo debajo, una fotografía enmarcada de Marilyn Monroe insinuante, porque lo cortés no quita lo valiente. Todo acababa rematado en un cartel de pizarra en el que puede leerse “Hablamos inglés y francés: por señas” enfatizando el carácter universal de tan distinguido establecimiento.  

Aquella noche nació lo que de modo coloquial llamamos en adelante “LA COMIDA DE LOS PADRES” y todos quedamos conjurados, brindis en lo alto, para realizar un posterior evento conjunto.

Se estableció una regla simple: la de que cada uno debía asistir a la comida acompañado de su PADRE. Eso dejó en un “limbo legal” a aquellos, entre los que me incluyo, que a tales alturas de la película carecían de “páter familias”. 

El “hijoputismo” nacional, carente de escrúpulos, no tardó en sacar tajada de las taras psicológicas ajenas, refiriéndose en lo sucesivo a estos pobres desgraciados como “Los huérfanos”. Se insinuó serían sentados aparte, en mesas bajas y comerían menú infantil consistente en pechugas empanadas, patatas fritas y helado de postre, siempre que se portaran con decoro. La amenaza afortunadamente no fue consumada. 

El primer encuentro sería igualmente en el Chamboy y fijose de plato principal un guiso de cabeza de ternera que bien poco tendría que envidiar al tradicional haggis escocés y que parece logró salvar las prescripciones sanitarias al uso.  

La comida de los padres fue repitiéndose desde entonces en lugares alternos, según el caso, y nos dejó algunas anécdotas inenarrables, como la de “La Huracana”, una estupenda señora que hacia las delicias del personal colgada de un vertiginoso ventilador, según relató algún veterano contertulio con grandes aspavientos. No pregunten, hasta ahí puedo leer.

Aquella incipiente genialidad que despuntaba a ilusionante tradición quedó interrumpida por la pandemia y quizás gracias a ella recobre aún más sentido que nunca.

Padres “consortes” cuyas expresiones puedo recordar perfectamente. Rostros en los que al mirar a sus hijos se dibuja una sonrisa serena de orgullo paternal cómplice que refleja la satisfacción del trabajo bien hecho. Eso es lo que las más de las veces muestran sus ojos cansados que en esas comidas brillan con intensidad. Y no sé si en realidad sus hijos perciben ese detalle, esa LUZ que yo si veo y que no tiene precio.

Padres a los que todos conocemos ya desde muy niños, hasta el punto de compartir con la mayoría anécdotas que siempre acaban por repetirse en las tertulias y que esperamos que lo hagan siempre en un bucle eterno, infinito. Historias que se remontan al inicio de nuestras vidas, épocas sencillas, despreocupadas y muy felices que no podemos olvidar.

Ya solo queda esperar a que escampe todo para volver a reeditar nuestra ecléctica “COMIDA DE LOS PADRES”. 

 

 

5 comentarios:

  1. Qué bien escribes! Disfrutad de esa genial idea porque son momentos que nunca olvidareis y que estoy segura reforzarán vuestra amistad todavía más

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    1. En cuanto mejore la cosa hacemos otra. Las caras de esos padres lo merecen. 😊

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