lunes, 18 de mayo de 2020

“UN DÍA CUALQUIERA”.



Puede que asistamos a un antes y un después en nuestras vidas motivado por la Crisis Sanitaria originada por el COVID-19 o al menos eso es de lo que se habla sistemáticamente, incluso en positivo, como si todo esto fuera una especie de llamada de atención a nuestro desmesurado ritmo de vida, incluso a nuestra escala misma de valores. Es como si alguien le hubiera dado al “pause” y nos hubiera dejado suspendidos en una especie de limbo del que como en el Purgatorio de la “Divina Comedía” de Dante se sale por etapas, por fases. Quizás como una especie de sistema de expiación de nuestros múltiples y continuos pecados. La Soberbia, la Envidia, la Ira, la Pereza, la Avaricia, la Gula y La Lujuria. Vamos sobrados de todos ellos, y de otros muchos.

 

Para contextualizar nos encontramos en la Fase 0 de la desescalada. Así que aún nos queda trecho por recorrer.

 

Por lo demás por esta sola vez los damnificados también han resultado ser las Sociedades “más civilizadas” por lo que hemos pasado de meros espectadores, a los que bastaba con cambiar el canal para no ver la realidad y mirar a otro lado, para ser auténticos protagonistas de un escenario más parecido a una guerra que a la vida real tal y como la conocemos, o conocimos.  

 

Eso me lleva a echar la vista atrás, y a rememorar con añoranza la realidad perdida, por más vulgar que fuera, y al mismo tiempo valorar que quizás ese frenesí que guiaba nuestra existencia fuera quizás el camino más corto para acabar con ella. Esa fútil realidad que solo se revela cuando la vida nos pone ante situaciones límite, pues la vorágine del día a día nos impide ver más allá de nuestras propias narices, vendría a ser en mi caso hace un año atrás, algo más o menos así:


07:05: Ciudad de Murcia:  6 de mayo de 2019. 24 grados, 62% humedad relativa.  


07:05: Corremos desde el comienzo del día, desde el mismo instante en que entreabres un ojo, no da tiempo a la superstición de poner primero el pie derecho en el suelo en lugar del izquierdo, bastante es no caer de bruces contra la tarima, pues tus hijos, en mi caso tres,  - Juan, Berta y Lea -  ya  están subidos a tu cama, provocando una reacción por estímulos que nos hace brincar como un resorte, desayunos, vestido, ¡no quiero ponerme el uniforme!, ¡con esto llevo pintas mamá!, ¡estos calcetines tienen arrugas¡, siempre las tienen, hacer camas, cepillado de dientes, manos, pañal, caras lavadas, ¡angélico mío no me quemes las cortinas!, hasta llegar a la parrilla de salida ya listos todos para afrontar el día.


Ya tenemos servida nuestra sesión de CrossFit matinal y todavía no son ni las 8:45 horas.


08:59: Llego derrapando a la guardería, una gota de sudor recorre mi sien derecha, dejo a Lea, está contenta, siempre lo está, un abuelo me mira raro, creo percibir cierta lástima cómplice en su mirada, aunque también sonríe. No hay mucho tiempo para adornos llego tarde, miro el reloj (lo habré mirado unas 20 veces ya), me encojo de hombros y sigo, que remedio, no hay tiempo, como siempre.

 

Cada mochuelo a su olivo, cole, guardería, Hospital Reina Sofia y Despacho.

 

Llevo ya los “rodales sobaqueros” de Camacho en el mundial de Corea y no ha pasado ni un tercio de la mañana, procuro llevarlo con estoica dignidad como la orquesta del Titanic, "hay que seguir tocando”, corbata puesta, hay que apretarla un poco, se ha aflojado en el camino. Que no decaiga. Y con “sonrisa profiden” voy saludando a los conocidos de la mañana, pero no me detengo voy mal de tiempo, vuelvo a mirar el reloj una vez más. 

 

En el zaguán del Despacho me recibe un olor a ambientador, Amparo se ha despachado a gusto de nuevo, no creo que un spray de pimienta tirado a bocajarro pueda ser mucho peor, se me nubla la vista y estoy a punto de caer desplomado al suelo, no puedo respirar, a tientas logro subir, tres, cuatro, cinco escalones, alcanzo la primera planta buscando una bocanada de aire, como quien hace apnea y al final llega a la ansiada superficie. Respiro hondo. Pienso que cualquier día encontraremos el cadáver de un cliente en el rellano.

 

Entro por la puerta de súbito (1ª Planta), mi compañera Amparo grita, un grito ensordecedor, como si hubiera visto al mismísimo Nostradamus, tengo ojeras ya de serie, pero no creo sea para tanto, no sé quién se asusta más si ella con mi aparición o yo con su alarido y cara de pánico. Al parecer le ha “sorprendido” mi llegada, como si no entrara todos los santos días a la misma hora. Reímos, no queda otra. Buenos días-Buenos días. Un día más.

 

No quiero ni imaginarme en plena paranoia COVID los productos que debe estar utilizando y mezclando para la esterilización y limpieza de las zonas del Despacho. Aprecio en estos días pequeñas gotas de lejía que salpican algunas carpetas. Me santiguo, los experimentos del Dr. Mengele pueden ser de aficionados comparado con las mezclas de alquimia de mi compañera.  

 

Pregunto por Mónica. Esta en un Juicio en Totana dice Amparo, y luego tiene otro a las 12:40 horas en Murcia. La imagino saliendo de casa con una navaja entre los dientes. No quisiera estar en su pellejo, y en el del contrario en el Juicio tampoco.  El “Sr. Lobo”, interpretado por Harvey Keitel en “Pulp Fiction” llama a Mónica cuando tiene un problema. 

 

Vaso de agua y subo a mi Despacho (2ª Planta), enciendo el ordenador. Trago saliva, 150 correos, podría ser peor. Vamos a ello. Miro el reloj, son ya las 10:05 horas cuando acabo de leer los e-mails, contesto algunos, marco en rojo otros que requieren revisión posterior.  

 

No hay señalamientos ni citas fuera, parece será una mañana pura de Despacho así que voy pensando en centrarme en lo más urgente, siempre hay algo urgente que requiere cierta atención meditada y tiempo, sin molestias, lo suficiente para poner toda tu concentración y empezar a rellenar el Word en blanco que tienes delante tuya, que se ha convertido en el centro de la galaxia, luego irá todo más rodado.

 

Quieres pensar que debe ser justo como se siente Arturo Pérez Reverte al empezar su siguiente novela; y la verdad es que el pleito pinta a drama, eso seguro, pero no soy el Alatriste  ni el Falcó de Reverte, esto es la vida real, yo no puedo elegir el final de la historia como él. Va a ser duro. Aparto esos pensamientos de mi cabeza no ayudan. Y empiezo a escribir.

 

Entra en su Despacho mi compañero Luigi, ayer perdió el Inter su partido de Champions, les vuelve a tocar jugar UEFA LEAGUE, comparto con él el sufrimiento, pero no saco el tema, necesita su duelo, ya habrá tiempo y tengo que continuar con lo mío. Recibo una llamada, otra, otra, y otra, parezco la Señorita Moneypenny. No acabo de hilar el texto del escrito. A Luigi por lo que veo no le va mucho mejor. Debería pegarse el teléfono con un esparadrapo a la cabeza así evitaría que se le acalambren los brazos, no lo ha soltado en lo que va de mañana. Parece convencer a su interlocutor, eso sí. “Il Duce” no es cualquier cosa.

 

Continúo dándole a las teclas.


13:58. Llego tarde a por Lea. Para variar. Pero no falto a la cita nunca, eso sí. Hoy Juan y Berta tienen comedor, así que están a buen recaudo, o eso esperas. Dos menos. Me voy cruzando a las madres-padres-abuelos, que ya han procedido a la recogida. Recorro el camino en tiempo de récord del mundo de marcha. D. José Ángel García Bragado estaría orgulloso. A esas alturas no parece que lleve a los hombros una chaqueta, sino un abrigo de visón más propio de Escandinavia. Sudo a mares. Estoy al pelo para un concurso de Miss camiseta mojada. Lea sale corriendo a mi encuentro con una sonrisa de felicidad dibujada en su rostro. Eso lo compensa todo.


14:30. Compro pan, forma parte de la liturgia diaria. Como, “Saboralia” nos ha vuelto a salvar la vida. MariaRo comerá luego tras volver del Hospital.

 

Son ya las 15:30 horas. Acuesto a Lea.

 

16:30. Volvemos a la trinchera. Continuo con mi escrito.


18:30. Antonio nos convoca a una reunión de Despacho (3ª Planta), parece urgente, siempre lo es, todo es a vida o muerte, o casi, respiro hondo, intento que mi “chi” se ponga en modo feng shui, y entro a la reunión. Cara de poker de Antonio. Cuando empieza el “speech” con un símil futbolístico es que va para rato. Ahora ya tengo la certeza absoluta de que hoy no termino mi escrito. Tras la reunión el par de cosas urgentes que atender se han convertido en otras seis más que parecen no tener espera. Nunca la tienen. La ansiedad y adrenalina aumentan. Pienso que moriré pronto pero mantengo la entereza y ánimo. Relativizar se llama.  


20.30 horas. Por hoy termina la jornada laboral.

 

20:50 horas. Aunque estoy cansado decido salir a correr. Llevo unos tres días sin hacerlo. Me pongo el “disfraz” de runner, Clark Kent tardaría más en ponerse el traje de superman, cargo un soft flash de 250 ml. de agua y el frontal, llegaré ya de noche. Empieza la terapia. Suena en los auriculares “Undercover Martyn” de Two Door Cinema Club.  

 

22:15 horas. Juan, Berta y Lea ya duermen a estas horas. Entro en sus habitaciones y los veo dormir plácidamente. Imagino a su madre librando una batalla encarnizada hasta llegar a ese momento.

 

Queda el tiempo de tomar algo y lamerse las heridas para afrontar el día siguiente, al que seguirá otro, y otro, y a pesar de todo, lo que daríamos muchos ahora mismo, por UN DÍA CUALQUIERA.

                                                                                                  

En Murcia a 6 de mayo de 2020


2 comentarios:

  1. Qué razón tienes y qué bien lo has descrito, smigo. A las 18:30h ya estaba igual de estresada que tú. Esos días volverán, no te quepa duda, mientras tanto a disfrutar de la calma que nos está aportando esta situación, de tu maravillosa esposa y de esos 3 soletes que hacen que la calma no sea tanta calma jeje

    ResponderEliminar