Puede que
asistamos a un antes y un después en nuestras vidas motivado por la Crisis
Sanitaria originada por el COVID-19 o al menos eso es de lo que se habla
sistemáticamente, incluso en positivo, como si todo esto fuera una especie de
llamada de atención a nuestro desmesurado ritmo de vida, incluso a nuestra
escala misma de valores. Es como si alguien le hubiera dado al “pause” y nos
hubiera dejado suspendidos en una especie de limbo del que como en el
Purgatorio de la “Divina Comedía” de Dante se sale por etapas, por fases. Quizás
como una especie de sistema de expiación de nuestros múltiples y continuos
pecados. La Soberbia, la Envidia, la Ira, la Pereza, la Avaricia, la Gula y La
Lujuria. Vamos sobrados de todos ellos, y de otros muchos.
Para
contextualizar nos encontramos en la Fase 0 de la desescalada. Así que aún nos
queda trecho por recorrer.
Por lo demás
por esta sola vez los damnificados también han resultado ser las Sociedades
“más civilizadas” por lo que hemos pasado de meros espectadores, a los que
bastaba con cambiar el canal para no ver la realidad y mirar a otro lado, para
ser auténticos protagonistas de un escenario más parecido a una guerra que a la
vida real tal y como la conocemos, o conocimos.
Eso me lleva a
echar la vista atrás, y a rememorar con añoranza la realidad perdida, por más
vulgar que fuera, y al mismo tiempo valorar que quizás ese frenesí que guiaba
nuestra existencia fuera quizás el camino más corto para acabar con ella. Esa fútil
realidad que solo se revela cuando la vida nos pone ante situaciones límite,
pues la vorágine del día a día nos impide ver más allá de nuestras propias
narices, vendría a ser en mi caso hace un año atrás, algo más o menos así:
07:05:
Ciudad de Murcia: 6 de mayo de
2019. 24 grados, 62% humedad relativa.
07:05: Corremos desde el comienzo del día, desde el mismo instante en que entreabres un ojo, no da tiempo a la superstición de poner primero el pie derecho en el suelo en lugar del izquierdo, bastante es no caer de bruces contra la tarima, pues tus hijos, en mi caso tres, - Juan, Berta y Lea - ya están subidos a tu cama, provocando una reacción por estímulos que nos hace brincar como un resorte, desayunos, vestido, ¡no quiero ponerme el uniforme!, ¡con esto llevo pintas mamá!, ¡estos calcetines tienen arrugas¡, siempre las tienen, hacer camas, cepillado de dientes, manos, pañal, caras lavadas, ¡angélico mío no me quemes las cortinas!, hasta llegar a la parrilla de salida ya listos todos para afrontar el día.
Ya tenemos servida nuestra sesión de CrossFit matinal y todavía no son ni las 8:45 horas.
08:59:
Llego derrapando a la guardería, una gota de sudor recorre mi sien derecha,
dejo a Lea, está contenta, siempre lo está, un abuelo me mira raro, creo
percibir cierta lástima cómplice en su mirada, aunque también sonríe. No hay mucho
tiempo para adornos llego tarde, miro el reloj (lo habré mirado unas 20 veces
ya), me encojo de hombros y sigo, que remedio, no hay tiempo, como siempre.
Cada mochuelo
a su olivo, cole, guardería, Hospital Reina Sofia y Despacho.
Llevo ya los
“rodales sobaqueros” de Camacho en el mundial de Corea y no ha pasado ni un
tercio de la mañana, procuro llevarlo con estoica dignidad como la orquesta del
Titanic, "hay que seguir tocando”, corbata puesta, hay que apretarla un
poco, se ha aflojado en el camino. Que no decaiga. Y con “sonrisa profiden” voy
saludando a los conocidos de la mañana, pero no me detengo voy mal de tiempo,
vuelvo a mirar el reloj una vez más.
En el zaguán
del Despacho me recibe un olor a ambientador, Amparo se ha despachado a gusto de
nuevo, no creo que un spray de pimienta tirado a bocajarro pueda ser mucho peor,
se me nubla la vista y estoy a punto de caer desplomado al suelo, no puedo
respirar, a tientas logro subir, tres, cuatro, cinco escalones, alcanzo la
primera planta buscando una bocanada de aire, como quien hace apnea
y al final llega a la ansiada superficie. Respiro hondo. Pienso
que cualquier día encontraremos el cadáver de un cliente en el rellano.
Entro por la
puerta de súbito (1ª Planta), mi compañera Amparo grita, un grito ensordecedor,
como si hubiera visto al mismísimo Nostradamus, tengo ojeras ya de serie, pero
no creo sea para tanto, no sé quién se asusta más si ella con mi aparición o yo
con su alarido y cara de pánico. Al parecer le ha “sorprendido” mi llegada, como
si no entrara todos los santos días a la misma hora. Reímos, no queda otra. Buenos
días-Buenos días. Un día más.
No quiero ni
imaginarme en plena paranoia COVID los productos que debe estar utilizando y
mezclando para la esterilización y limpieza de las zonas del Despacho. Aprecio
en estos días pequeñas gotas de lejía que salpican algunas carpetas. Me
santiguo, los experimentos del Dr. Mengele pueden ser de aficionados comparado
con las mezclas de alquimia de mi compañera.
Pregunto por
Mónica. Esta en un Juicio en Totana dice Amparo, y luego tiene otro a las 12:40
horas en Murcia. La imagino saliendo de casa con una navaja entre los dientes. No
quisiera estar en su pellejo, y en el del contrario en el Juicio tampoco. El “Sr. Lobo”, interpretado por Harvey Keitel
en “Pulp Fiction” llama a Mónica cuando tiene un problema.
Vaso de agua y
subo a mi Despacho (2ª Planta), enciendo el ordenador. Trago saliva, 150
correos, podría ser peor. Vamos a ello. Miro el reloj, son ya las 10:05
horas cuando acabo de leer los e-mails, contesto algunos, marco en rojo otros que
requieren revisión posterior.
No hay
señalamientos ni citas fuera, parece será una mañana pura de Despacho así que
voy pensando en centrarme en lo más urgente, siempre hay algo urgente que
requiere cierta atención meditada y tiempo, sin molestias, lo suficiente para poner
toda tu concentración y empezar a rellenar el Word en blanco que tienes delante
tuya, que se ha convertido en el centro de la galaxia, luego irá todo más
rodado.
Quieres pensar
que debe ser justo como se siente Arturo Pérez Reverte al empezar su siguiente
novela; y la verdad es que el pleito pinta a drama, eso seguro, pero no soy el Alatriste
ni el Falcó de Reverte, esto es la vida
real, yo no puedo elegir el final de la historia como él. Va a ser duro. Aparto
esos pensamientos de mi cabeza no ayudan. Y empiezo a escribir.
Entra en su
Despacho mi compañero Luigi, ayer perdió el Inter su partido de Champions, les
vuelve a tocar jugar UEFA LEAGUE, comparto con él el sufrimiento, pero no saco
el tema, necesita su duelo, ya habrá tiempo y tengo que continuar con lo mío. Recibo
una llamada, otra, otra, y otra, parezco la Señorita Moneypenny. No acabo de
hilar el texto del escrito. A Luigi por lo que veo no le va mucho mejor. Debería
pegarse el teléfono con un esparadrapo a la cabeza así evitaría que se le
acalambren los brazos, no lo ha soltado en lo que va de mañana. Parece
convencer a su interlocutor, eso sí. “Il Duce” no es cualquier cosa.
Continúo
dándole a las teclas.
13:58.
Llego tarde a por Lea. Para variar. Pero no falto a la cita nunca, eso sí. Hoy
Juan y Berta tienen comedor, así que están a buen recaudo, o eso esperas. Dos
menos. Me voy cruzando a las madres-padres-abuelos, que ya han procedido a la
recogida. Recorro el camino en tiempo de récord del mundo de marcha.
D. José Ángel García Bragado estaría orgulloso. A esas alturas no parece que
lleve a los hombros una chaqueta, sino un abrigo de visón más propio de Escandinavia.
Sudo a mares. Estoy al pelo para un concurso de Miss camiseta mojada. Lea sale
corriendo a mi encuentro con una sonrisa de felicidad dibujada en su rostro.
Eso lo compensa todo.
14:30.
Compro pan, forma parte de la liturgia diaria. Como, “Saboralia” nos ha vuelto
a salvar la vida. MariaRo comerá luego tras volver del Hospital.
Son ya las 15:30
horas. Acuesto a Lea.
16:30.
Volvemos a la trinchera. Continuo con mi escrito.
18:30.
Antonio nos convoca a una reunión de Despacho (3ª Planta), parece urgente,
siempre lo es, todo es a vida o muerte, o casi, respiro hondo, intento que mi
“chi” se ponga en modo feng shui, y entro a la reunión. Cara de
poker de Antonio. Cuando empieza el “speech” con un símil futbolístico es que
va para rato. Ahora ya tengo la certeza absoluta de que hoy no termino mi
escrito. Tras la reunión el par de cosas urgentes que atender se han convertido
en otras seis más que parecen no tener espera. Nunca la tienen. La ansiedad y
adrenalina aumentan. Pienso que moriré pronto pero mantengo la entereza y
ánimo. Relativizar se llama.
20.30 horas. Por hoy termina la
jornada laboral.
20:50 horas. Aunque estoy
cansado decido salir a correr. Llevo unos tres días sin hacerlo.
Me pongo el “disfraz” de runner, Clark Kent tardaría más en ponerse el traje de
superman, cargo un soft flash de 250 ml. de agua y el frontal, llegaré ya de
noche. Empieza la terapia. Suena en los auriculares “Undercover Martyn” de Two
Door Cinema Club.
22:15 horas. Juan, Berta y Lea
ya duermen a estas horas. Entro en sus habitaciones y los veo dormir
plácidamente. Imagino a su madre librando una batalla encarnizada hasta llegar
a ese momento.
Queda el tiempo de tomar algo y lamerse las heridas para afrontar el día siguiente, al que seguirá otro, y otro, y a pesar de todo, lo que daríamos muchos ahora mismo, por UN DÍA CUALQUIERA.
En Murcia a 6 de mayo de 2020
Qué razón tienes y qué bien lo has descrito, smigo. A las 18:30h ya estaba igual de estresada que tú. Esos días volverán, no te quepa duda, mientras tanto a disfrutar de la calma que nos está aportando esta situación, de tu maravillosa esposa y de esos 3 soletes que hacen que la calma no sea tanta calma jeje
ResponderEliminarVolveremos!!!!.
ResponderEliminar